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SENTIDOS

Lo mejor del Pirineo

Lo mejor del Pirineo Lo mejor del Pirineo es que en cada estación del año presenta un aspecto diferente, con lo que se tiene la sensación de haber cambiado de escenario sin moverse del mismo punto.
- En primavera, conforme va desapareciendo la nieve, el suelo nos presenta su manto de un verde tierno en medio del cual, tímidamente, van haciendo su aparición los diferentes tipos de flores silvestres llenándolo de colorido. Las laderas boscosas de los montes también presentan una gran alternancia de color que va desde el verde profundamente oscuro de las coníferas de hoja perenne hasta el intenso clorofilado de las especies caducas que comienzan a brotar. El agua del deshielo se va filtrando entre medio de las rocas saltando estrepitosamente cargada de espuma y formando pequeños arroyos que caminan hacia el río.
- El verano nos presenta una cara menos húmeda de la montaña pero no por ello menos bonita. La nieve ha desaparecido. La montaña nos invita a andarla, a admirarla y a sentirnos inmersos en ese inmenso paisaje que nos carga las pilas para volver a la civilización. Muchas especies de flores ya se han marchitado pero aparecen otras que requieren menos humedad y más calor y no por ello son menos hermosas, también podemos encontrar frutos como la fresa, la frambuesa o el arándano silvestres con un aroma y sabor más intensos que las frutas de mesa a que estamos acostumbrados.
- Llega el otoño y la vegetación se va vistiendo poco a poco de rojos, ocres, amarillos junto a los diferentes tonos de verde. La montaña aparece salpicada de una explosión tal de color que no cabe en la paleta de un pintor. En esta época del año son frecuentes los días lluviosos que lejos de estropearnos la jornada intensifican los colores de la flora, limpíando las hojas de polvo y dándoles un brillo que acrecienta su color. En un día de este tipo el olor del aire es especial, trae los aromas de cada una de las especies que pueblan la montaña y al cerrar los ojos inspirando profundamente sentimos estar flotando en un ambiente puro y limpio, diferente, que sólo se da en estas altitudes.
- Por último caen las primeras nieves y el invierno hace su aparición. Absolutamente todo se cubre de un manto blanco y fresco, esponjoso y limpio. Los abetos como adornados de bolas blancas acaban doblando sus ramas por el peso y dejan caer poco a poco los cúmulos de nieve. Cuando el cielo despeja, nos sorprende el contraste de su azul intenso con el blanco luminoso que lucen los picos de roca viva. Y de nuevo llenamos nuestros pulmones con ese aire fresco y limpio, que a su vez es frío pero cálido pues nos reconforta interiormente. Miramos a nuestro alrededor y percibimos la inmensidad del mundo que nos rodea. Nos sentimos, formamos parte del paisaje. Un paisaje que siempre, estación tras estación, año tras años, veremos renovarse ante nuestros ojos.

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